Columna no autorizada
Acerca de mi columna anterior una lectora comentó -con mucho tino- que un movimiento contundente que transforme nuestra realidad debe nacer en el presente para rendir frutos que tal vez esta generación no recoja, pero vale la pena hacerlo. Es cierto, mucho hay por hacer y afortunadamente Lupa Ciudadana y otras organizaciones y personas han hecho propuestas que vale la pena analizar, algunas de ellas incluso similares a lo que yo comentaba. Así que para no aburrir al lector, y seguir dándole variedad a esta columna, vayamos a otra cosa mariposa.
Denise Dresser, leída, escuchada, admirada, criticada… en pocas palabras: mujer polémica.
Académica y periodista reconocida a nivel nacional e internacional; Denise no deja pasar oportunidad alguna en la que aporte algo a través de sus palabras y su opinión. Siempre parece aspirar a más, como titula una de sus recientes columnas.
Pero detrás de esta figura pública subyace toda una historia personal -que no es secreto- pues a gritos y susurros la puso en manos del lector; historia que impresiona -más allá incluso del dolor de su infancia- por su capacidad de convertir las adversidades en impulsos creadores, en motivadores, en movimiento.
Denise, a sus siete años de edad, ve truncada su felicidad por un accidente automovilístico que la vuelve hija única, sin hermana, como al principio de su vida, y que también se llevó al hombre que llenaba de color y fantasía ese mundo infantil con sus historias y con sus viajes imaginarios a través de un globo terráqueo: su padre.
¿Quién le arrebató su mundo? ¡Un conductor ebrio!
Al trágico accidente sobreviven su madre, ella y una inmensa tarea por realizar: seguir -a pesar de todo- viviendo. El sentimiento de soledad se hace presente desde temprana edad y la experiencia de sobrevivir se vuelve costumbre, hábito, necesidad y esencia.
En medio de una situación así, Denise -como cualquier persona- pudo haber elegido entre dos caminos: abatirse por completo o luchar. Elige el segundo y agrupando lo poco que quedó del mundo hasta entonces conocido va construyendo su personalidad, siguiendo los preceptos enseñados por su padre y las experiencias aprendidas con su madre.
De ahí surgen la originalidad como imperativo y la creatividad como valor; y ¡vaya que sus puntos y sobre todo, la forma de exponerlos, llegan a ser únicos!
Así también nacen la curiosidad como necesidad y la búsqueda de respuestas y conocimiento en los libros, ¿no podemos pensar que aquí se origina su pasión por lo académico?
A pesar de la pérdida decide enfocar su tristeza, su dolor, su angustia, en un paso constante hacia adelante, recorriendo sin temor (al menos en apariencia) la aventura de la vida en la que sabe -desde pequeña- que todo aquello que desee habrá de trabajarlo, lucharlo y esforzarse. Este precepto, esta premisa es una clara línea en su trabajo y quizá en su vida personal también lo sea, ya que al final de cuentas logró pasar de la soledad a formar su propia familia , con su esposo e hijos.
Es justamente esta actitud, esta posibilidad de transformar la adversidad en motor y gasolina una de las características de la personalidad creativo-generativa: una mujer fértil, tanto en lo que a su rol de género refiere, como -y sobre todo- hablando de su participación activa en la sociedad, el empleo, la economía, la política, etc.
Sí, por supuesto que lo mismo podemos decir de muchos hombres, pero en el caso de las mujeres, manifestar una personalidad así implica entre otras cosas, romper con estigmas y tabús socio-culturales muy arraigados, tanto en nosotras mismas como en la sociedad.
Con el avance de los tiempos y los cambios en la cultura, cada día encontramos más mujeres así, ante todo femeninas mas no sumisas. Creativas, productivas, con iniciativa, pero a la vez proveedoras de afecto, seguridad y cariño. Una mujer que logra integrar aquellos elementos femeninos y masculinos en cuyas identificaciones basa su identidad y, a partir de esto, desarrollar un empuje tal que le permite destacar en su ámbito.
El ejemplo de vida Denise Dresser, en el cual me baso para introducir un tema que da para mucho más, referente a este “nuevo tipo” de mujer, nos muestra que detrás de toda historia de éxito no siempre hay una vida fácil… de hecho, me atreveré a decir que, en la mayoría de los casos, no la hay y pareciera que precisamente la necesidad de sobrevivir a estas historias es lo que fortalece a quien lo logra y lo hace grande.